lunes, 14 de mayo de 2012

José Asunción Silva, poeta, novelista y suicida.


En esta entrada vamos a conocer la vida de uno los literatos que formaron parte de la primera hornada de escritores modernistas: José Asunción Silva, el cual junto a José  Martí, Julian del Casal, Gutiérrez Nájera y poco después Rubén Darío, abrieron el palenque de las enquistadas letras castellanas, dando así comienzo a uno de los periodos más increíbles de nuestra literatura.

Biografía.


Nace José Asunción Silva el 26 de noviembre de 1865 en Santafé de Bogotá en el seno de una familia acomodada interesada por la cultura, fue el mayor de seis hermanos, su padre don Ricardo Silva Frade, fue un comerciante santafereño miembro del grupo literario El Mosaico,  fundado por diversos intelectuales con la intención de crear una literatura nacional a través de obras y cuadros de costumbres. No resulta así difícil imaginarnos a Silva correteando por los pasillos y salones de la casa y atendiendo ocasionalmente a las conversaciones de los invitados mientras los grandes próceres platicaban sobre el nuevo devenir de las letras fumando algún cigarrillo del Cairo y bebiendo una copa de buen Coñac traído de Europa.

Sobresalió nuestro infante en la escuela con excelentes resultados que le merecieron varios premios, además desarrolló un precoz interés por la literatura y la pintura, sin embargo por esa adelantada adultez Silva tuvo que pagar un precio social, pues parece que sus compañeros lo ludibrizaron en más de una ocasión llamándolo “José Presunción”.

Para hacernos una idea del tipo de muchacho que era nuestro protagonista rescatamos una anécdota recogida por el escritor y amigo de Silva, Baldomero Sanín Cano (1):

Don Demetrio Paredes... llegó un día de visita a la casa de Silva y, antes de dar con los dueños trabó conversación con el chicuelo: «usted no parece un niño —le dijo—. Usted se ha hecho un hombre antes de tiempo. Las cosas que usted hace no son propias de su edad. Suba usted a los tejados, trepe a los árboles, busque nidos de pájaros, tire piedras a las palomas, muévale querellas a los perros y a los gatos. De esta manera será usted un niño. Lo que hoy parece es una persona grande». La seriedad del niño tomó el consejo en toda la magnitud de su significado. Pocas horas después lo halló su madre en la parte alta de la casa empeñado en alzar una piedra de seis u ocho kilogramos para descargarla sobre los gorriones que triscaban inocentemente en el patio de la casa, connaturalizados (acostumbrados) con la inocuidad del menor de sus habitantes. ¡Era lo que sabía Silva de los juegos de su niñez!


Baldomero Sanín Cano siempre guardó gran cariño hacia Silva, sus obras, aunque tardías, reflejaban su erudición y preocupación por las Letras.


Sea como fuere Silva no se arredró, y lejos de dejarse llevar por el dolo, su elevado caudal de cultura le procuró pronto —1878, con apenas 13 años—el reclamo de su padre para ayudarle en el negocio familiar, se trataba de un almacén  importación y venta de artículos de lujo muy frecuentado por los altos círculos sociales de la capital. Qué gran escenario debió resultar aquel lugar para cultivar la imaginación del muchacho con las más increíbles exquisiteces: modernas y atrevidas vestimentas de París, refinados elementos decorativos, telas brocadas, etc., que a buen seguro harían las delicias del “chicuelo”.

Entre 1882 y 84 Silva se empieza a dar a conocer como poeta de cierta calidad en la prensa local, así encontramos ya publicado su poema La crisalida inspirado en la muerte de una de sus hermanas Inés siendo una niña (1870-78).

El 20 de octubre de 1884 Silva viaja a Europa evitando así la guerra que se cerniría en 1885 sobre el país enfrentando a los liberales radicales contra los conservadores y moderados, guerra que acabaría con el triunfo de los segundos derogando la constitución que proclamaba Los Estados Unidos de Colombia, por otra más centralista que con algunas modificaciones se mantuvo vigente hasta 1991.

En lo literario, mientras Colombia estaba inmersa en un tipo de costumbrismo posromántico Silva llegó a un París donde el naturalismo comenzaba a hacer crisis y el Parnaso estaba sufriendo los embates de los decadentes, liderados por Verlaine primero y poco después, tras la escisión simbolista, por Moréas y Mallarmé. Sabemos que conoció al famoso neurólogo Jean Martin Charcot —maestro de Freud y descubridor de la esclerosis lateral amiotrófica, conocida también como la enfermedad de Charcot—, el cual sería retratado amistosamente en su novela De sobremesa, al pintor James Whistler retratado también en la obra como el autor del retrato de su abuela, y al poeta simbolista Mallarmé. Durante su estadía además tuvo tiempo de refinar sus modales afrancesándolos —es sabido que introdujo gran cantidad de galicismos en su vocabulario—, practicó la esgrima, adoptó pose de dandi, se apasionó por la música de Wagner y empapó de las nuevas corrientes pictóricas prerrafaelitas, que por aquellos años se imponían en la vieja Lutecia tras triunfar en Inglaterra. También viajó a Londres —donde disfrutó como no podía ser menos de sus teatros y museos— y a un balneario de la montañosa Suiza, curiosamente estos escenarios son los mismos que recorre el protagonista de la mencionada novela.

Finalmente en abril de 1886, tras un año y medio de estadía europea, Silva regresa a Colombia, pero el personaje que regresa a Colombia ya no será el mismo que marchó, de la misma forma que la Colombia que dejó tampoco será la misma que le recibirá tras su guerra civil del 84/85.  
Llegó así Silva cargado de las ideas literarias europeas a la nueva Colombia, convirtiéndose, hasta cierto punto, en una suerte de portavoz de las modernas sensibilidades literarias y filosóficas, y bien dispuesto a mostrar sus conocimientos a todos aquellos literatos provincianos que aún no habían oído hablar de personajes tales como Mallarmé o Nietzsche entre otros. Ese mismo año, sin perder el tiempo, formó parte de dos antologías poéticas: en la primera La Lira Nueva participó con su poema Estrofasmás tarde llamado Ars, la segunda antología era El Parnaso contemporáneo, donde publicó crisálidas y Las golondrinas. Con estas, Silva se consolidó definitivamente como uno de los grandes renovadores de la poesía colombiana. Hay que sumar a este año 1886 que Silva conoció al que sería su gran compañero Baldomero Sanín Cano.

Recordaba Pedro Emilio Coll de él: “Era alto y pálido, vestía de negro, la caña en una mano, los guantes en la otra, la gardenia en el ojal, perfumado con opoponax, brillante el pelo. Un filósofo engastado en un petimetre. Un Brummell que leía la Imitación de Cristo, y oía el consejo que da Zaratustra por boca de Federico Nietzsche.” 










Pedro Emilio Coll, escritor y político venezolano fundador de la revista Cosmópolis.









Desafortunadamente cuestiones mundanas, importantes pero mundanas, hicieron acto de presencia en este incipiente profeta de las Letras. Y es que las medidas económicas introducidas por el gobierno del país durante la llamada etapa de la Regeneración (1880-99) condujeron a un periodo inflacionista que perjudicó especialmente a las importaciones, lo que afectó directamente al negocio de los Silva. En 1887 los almacenes de Ricardo Silva e Hijo se enfrentan agrandes deudas, además se produjo la muerte del padre lo que hizo que el joven se pusiera al frente de la empresa familiar. Pero a pesar de sus problemas económicos y sentimentales —por entonces se rompe un compromiso matrimonial que tenía pactado la familia quizás por tales dificultades—, comenzó a rodar la pluma del literato por revistas y periódicos como no lo había hecho hasta entonces, así lo vemos colaborando en la ya modernista Revista Gris (1892.-95), escribiendo ensayos sobre escritores como Pierre Loti (1891) y Guy de Maupassant (1892), traduciendo para la Biblioteca Popular Colombiana (1893) obras de Poe, Tolstoi y Anatole France, y componiendo algunas de sus obras poéticas más importantes.


Anunció del Almacén Ricardo Silva e Hijo en la prensa de la época.


En 1891 Elvira, hermana de Silva, muere de una neumonía y como resultado de este luctuoso suceso, y en recuerdo de su querida hermana, escribe su composición más famosa: el poema Nocturno III  fechado en 1892. Con él Silva llegaría a alcanzar fama mundial, fama que por capricho del hado burlón apenas llegaría a atisbar, pues a pesar de estar fechado en 1892 el poema no se publicaría hasta agosto de 1894 en la revista venezolana Lectura para todos.

Así y todo los problemas económicos siguieron acuciándole y finalmente, tras vender gran parte de sus bienes, incluyendo valiosos libros y obras de arte, para pagar las deudas, se vio forzado a cerrar definitivamente el negocio familiar. Poco después, y gracias a sus contactos con las élites de poder, consiguió un puesto como diplomático en Venezuela. Establecido en Caracas es donde Silva continuaría con su labor literaria; publicó el famoso Nocturno, escribió sus Cuentos negros, versos y su primera versión de la novela De sobremesa, además hizo contactos con los editores de revistas venezolanas como El Cojo Ilustrado y Cosmópolis, donde el desprendido artista promocionó a sus compañeros de letras y compatriotos. En una carta dirigida a Rufino J. Cuervo —filólogo y erudito colombiano— fechada en Caracas el 7 de noviembre de 1894 Silva comentaba a este respecto:

Quiero que conozcan qué hombres da mi tierra; y al efecto, al venirme logré que Rafael Pombo, Diego Fallon, Jorge Isaacs, Ismael Enrique Arciniegas, el señor Caro, en fin, cuato tenemos de más ilustre como poetas, nos dieran composiciones inéditas para hacerlas publicar aquí. Ya han salido algunas en una hermosa revista quincenal que tienen aquí y han regado la fama de nuestras letras.”


Rufino J. Cuervo


Pero a pesar de la fructífera producción literaria y del puesto diplomático, las penalidades económicas no tardaron mucho en volver, pues parece ser que el sueldo por desempeñar tales funciones llegaba tarde y mal. Así pues, decidió el diplomático marchar de Caracas y regresar a Colombia tras conseguir algunos fondos económicos, ideas para crear un nuevo negocio, y lo más importante, una maleta llena de una prolija producción literaria: la primera versión de su novela De sobremesa; una colección de cuentos llamada Cuentos negros; otra novela corta titulada Un ensayo de perfumería; y algunas colecciones de versos Las almas muertas y Poemas a la carne.
Todo este prometedor torrente literario se topó, sin embargo, con uno de los hechos más desgraciados en la vida de su autor: la noche del 27 de enero de 1895 el barco en el que viajaba, L´Amérique, naufragó frente a la costa y todos los trabajos se fueron a pique entrando así a formar parte de la inefable biblioteca del dios Poseidón.

Como curiosidad, en ese viaje Silva conoció al gran crítico literario y cronista de la bohemia parisién Enrique Gómez Carrillo cuya alma, afiebrada de grandilocuencia lírica, Silva no pareció soportar. Cosas de genios probablemente.


Gómez Carrillo periodista y crítico literario, fue hombre de gran cosmopolitismo que llegó a viajar y escribir sobre el lejano oriente.


De nuevo en Bogotá patentó un sistema para colorear mármol y granito destinado a la fabricación de coloristas y modernos baldosines, buscó socios y fondos para poner en marcha el negocio y una vez obtenidos se puso a dirigirlo con gran denuedo; también en estos meses realizó su poema extenso y laudatorio sobre Simón Bolívar al pie de la estatua, a petición del cónsul de Venezuela en Bogotá, que fue recitado en la onomástica del Libertador en julio de 1895, aunque no sería publicado hasta el 28 de octubre de 1925.
Sin embargo la empresa no funcionó, y las deudas y los impagos comenzaron a hostigarle hasta comienzos de 1896. Tal vez sea en esos meses finales de 1895 y comienzos del 1896 cuando la idea del suicidio empiece a gestarse seriamente, aunque gracias a las peticiones de su amigo Hernando Villa todavía tendrá tiempo de reescribir la novela De sobremesa, así como poner en orden el volumen manuscrito de El libro de versos.

Todavía, en noviembre de 1895 estuvo apunto de conseguir un cargo diplomático como cónsul de Guatemala, que según algunos rechazó por lo exiguo del sueldo (2).

Como dato de interés que puede ayudarnos a entender su estado de ánimo, en la noche del 23 de mayo de 1896 —horas antes de su muerte— nuestro bardo, en una cena organizada por su madre para los notables de Bogotá,  leyó lo que se considera su último poema: Don Juan de Covadonga. Este cuenta la historia de un crápula medieval o renacentista que hastiado de una vida llena de excesos busca reposo en un convento, pero allí no encuentra más que el descontento del prior por la vida monástica y le aconseja marchar, don Juan quizá viendo su última esperanza de salvación truncada, marcha del convento y solloza por primera vez en un camposanto. No resulta tarea difícil ver en ese don Juan de Covadonga un trasunto del propio Silva, donde la escena final pone de reflejo su propio estado de ánimo. 

Y al salir por el negro camposanto
en que el convento oscuro se prolonga,
ansiando la quietud de los que fueron,
por la primera vez se humedecieron
los ojos de don Juan de Covadonga.

Sobre el suicidio de José Asunción Silva se ha escrito mucha literatura animada por la cuidada escenografía que el vate preparó antes de su muerte, por ejemplo se encontró un ejemplar de El triunfo de la muerte de Gabriele D´Annunzio en su mesilla. Sanín Cano a este respecto alega además del dicho libro que se encontró también Tres estaciones de psicoterápia de Maurice Barrés y un número de la revista Cosmópolis, en ambos casos había referencias a Leonardo da Vinci. Parece ser que en El Triunfo de la muerte buscaba Silva datos sobre el hombre del renacimiento, pues, supuestamente preparaba algún tipo de artículo o ensayo sobre Leonardo Da Vinci.



D´Annunzio personaje donde los haya del decadentismo italiano, sus obras El Placer y El Triunfo de la muerte gozaron de grande fama en los círculos modernistas.


Lo cierto es que resulta más factible que el suicidio tuviera más que ver con la propia trayectoria personal del autor, que con unas supuestas y vaporosas melancolías literario-vitales, baste repasar su trayectoria: soportó la pronta muerte de cuatro hermanos y de su padre, la quiebra del negocio familiar, la quiebra del negocio de baldosines y la pérdida de gran parte de su obra literaria en un naufragio. Todo ello y quizás alguna causa oscura no desvelada todavía son motivos suficientes para impulsar al literato-empresario al suicidio. Y fue así como finalmente empuñando su Smith & Wesson contra su corazón apretó el gatillo la madrugada del 24 de mayo de 1896 —pocas horas después de haber recitado su Don Juan de Covadonga—,  para mayor gloria de las Letras colombianas.


Fragmento de Zoospermos, poema de Silva.

"¡Mira! si no estuviera perdido para siempre;
si huyendo por caminos que todos no conocen
hubiera al fin logrado tras múltiples esfuerzos
el convertirse en hombre,
corriéndole los años hubiera sido un Werther
y tras de mil angustias y gestas y pasiones
se hubiera suicidado con un Smith & Wesson
ese espermatozoide.

y es que los poetas muchas veces cuentan más de lo que parece.



Conclusión.

La obra silvana que nos ha llegado hoy no es muy prolija: un centenar y medio de poemas, una novela, y un puñado de prosas breves y críticas. De los tres conjuntos de versos que suelen recoger las antologías solo El libro de versos fue preparado por su autor, el resto, Gotas amargas —una serie de poemas de corte satírico— y Poesías varias, son recopilaciones echas a posteriori por aquellos que lo estudiaron. Con respecto a la novela De sobremesa tardó en darse a conocer, si bien se publicaron fragmentos sueltos en los años siguientes a su muerte como aquel famoso de 1906 prologado por el prócer Unamuno, pero no será hasta 1925 cuando se publique en Bogotá, edit. Cromos la 1ª edición completa.


Imagen de Silva hacia la década de los noventa.


Estos retrasos hicieron que la obra silvana no recibieran todo el interés que debió merecer en su época, lo cual resultó del todo lamentable al tratarse el escritor de unos de los primeros autores modernistas hispanoamericanos. Sea como fuere hoy día los nuevos estudios realizados y las varias reediciones de su prosa y poesía confirman la vigencia de estas entre los nuevos lectores del siglo XXI.

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(1) Sanín Cano (1861-1957) con sus artículos y ensayos contribuyó a introducir la modernidad literaria en Colombia. Su amistad con Silva fue sincera y reconoció su influencia a la hora de aceptar las nuevas ideas llegadas de Europa.
(2) Idea defendida por Héctor H. Orjuela.

10 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Otra recuperación oportuna de las muchas que nos procuras. El Nocturno, de Silva, debería ser lectura obligada.

Delgado dijo...

Totalmente cierto, posiblemente uno de los mejores poemas escritos en lengua castellana. Además ese poema bien podría haberlo citado en mi anterior entrada al respecto del periodo prosódico por la maestría mostrada en el uso de sus cláusulas.

Carla dijo...

Tu entrada, aunque la he tenido que leer en varias veces por ser tan larga, tengo que decirte que me ha encantado el conocer la vida de José Asunción Silva, me ha parecido muy completa su biografía, Delgado.

Besos.

Delgado dijo...

Gracias Carla, he de reconocer que para ser una entrada de blog sí que ha quedado algo larga, pero es que este literato tiene una obra exquisita, su poesía sin palabras, y la novela De Sobremesa... posiblemente la analizaré en la siguiente publicación.

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, Delgado:

Gracias por lo que me corresponde como colombiano, tu reseña es mu completa y hace honor a nuestra literatura. Silva es uno de los poetas que más profundamente ha calado en la memoria de todos los colombianos; él fue un revolucionario de las letras e impulsó definitivamente la poesía colombiana y latinoamericana hacia nuevos e inexplorados rumbos.

En Bogotá, existe la Casa de poesía Silva, fundada en 1986 por el presidente Belisario Betancur.

www.casadepoesiasilva.com

Un abrazo.

mariarosa dijo...

Todo un personaje es Silva. Que vida interesante y poco bendecido por la suerte.
Las perdidas familiares, luego perder casi toda su obra en un naufragio y su suerte que parecía jugar con él a la escondida deben haber sido el motivo de su triste final.

Muy interesante entrada.


mariarosa

Delgado dijo...

Rafael: desde luego me resultó harto interesante este vuestro poeta, hacía tiempo que había leído el famoso Nocturno III, pero no fui entonces mucho más allá, ahora lo tengo entre uno de mis favoritos. En mi blog le voy a prestar un poco más de atención a su novela porque me resultó muy original al encuadrarse dentro del subgénero novela-diario.

Por cierto gracias por el enlace.

Maríarosa: Hay a gente que la vida le golpea más fuerte que a otros, además en aquella época tan clasista la opción de buscar otros trabajos podía no resultar buena opción para el apellido familiar. En estrecho callejón quedó Silva, fue un artista del siglo XIX y con ese siglo murió.

Carla dijo...

No has vuelto a publicar nada pero te dejo mis saludos.

Besos.

Delgado dijo...

Hola Carla, la verdad es que este mes ando harto liado, entre trabajos y proyectos. Hasta el mes que viene no podre liberarme de las cadenas de las obligaciones.

Gracias por tu interés, te voy siguiendo. ;)

Balamgo dijo...

Es un artículo muy interesante.
Gracias por la visita.
Abrazos.