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viernes, 15 de diciembre de 2017

José Malvís, la poesía muy cerca de la puerta de Tannhäuser



Nuestro siguiente entrevistado nace en Valladolid un año de mil novecientos no sé cuántos; desde muy niño sintió pulsiones liróforas que le impelieron arrostrar las Letras y hacerse conocer bajo el trasunto de José Malvís, pues su imaginación vuela y piruetea semejándose a tales avecillas. Afincado ya en Zaragoza, y formando pareja con una simpática mujer de más allá del Rin, no resulta extraño verlo culebrear aquí y allá por los más ínclitos y nocharniegos micrófonos poéticos. Devoto cofrade de algunos bares y cafeterías chic, acude a ellas, lápiz y cuadernillo en mano, para escribir versos o tomar apuntes mientras, haciendo alarde de un contenido y pausado beber, degusta uno o dos chupitos de ron moreno. A Malvís le agrada aquel brebaje de evocaciones piráticas, y es que, a buen seguro, de haber nacido en costas cantábricas o mediterráneas, no dudamos que habríase lanzado a los piélagos para colmar sus ansias de aventuras, como si del protagonista de alguna novela de Salgari se tratara. Veamos, conozcamos hoy, a este no poco interesante poeta ―y algo infanzón― de José Malvís.


1.       Bueno antes de entrar en materia con la entrevista, una pregunta preludio, una pregunta que guarda la antítesis de lo sencillo y complicado. ¿Qué es para usted la poesía?

Pues empezamos bien la entrevista (risas). A ver, se trata de la eterna pregunta que todo el mundo que escribe o lee poesía se plantea en algún momento. No creo que haya una sola respuesta, ni que mi respuesta pueda ser la más correcta, pero, ya que la haces, en lo que respecta a mi persona ‘poesía’ es ese oxigeno y esa gasolina necesarios en mi vida, sin ella sería completamente diferente.

―Quizá, según sus palabras, se podría afirmar que la poesía parte de la experiencia de cada uno, que por cada poeta existe una poesía concreta.

Por supuesto, pero la poesía parte de un crisol enorme: no solo remite a la literatura, esta se puede volcar en el dibujo, en la  musica. En cualquier caso, y acotándolo a las letras, el poeta es, o debe ser, una especie de periodista del mundo que le rodea.

José Malvís mientras consulta distraído
un preciado ejemplar de 'La Historia Interminable'
2.       Retrocedamos en su hacer poético, comencemos av obo con un jovencísimo José Malvís. José Malvís, autor, nació en 1987 tras de escribir su primer poema ‘Blanco’; el otro, el ciudadano que paga sus impuestos ―suponemos―, nació unos año antes, ese no nos interesa aquí. Estudiante de filosofía, apasionado de la literatura grecolatina  y editor junto a otros púberes románticos de un pequeño, pero más que interesante, fanzine titulado La pluma gris, ¿de todo aquello qué queda hoy día en usted?, ¿cómo entendía la poesía por aquellos años?

Lo primero que conservo es una amistad. Mi primer compañero de viaje en las aventuras literarias, en las victorias y las derrotas, para lo bueno y para lo mano fue, y es, un poeta que firma bajo el seudónimo Spica y actualmente ejerce en la enseñanza. Esto para mí es lo más importante. Luego sobre el poema ‘Blanco’ que has mencionado, si bien está muy alejado de mi hacer actual, palpita todavía en lo más hondo de mi alma poética, hasta tal punto que aún conservo el manuscrito y nunca me abandonará.
Ahora bien, sobre mi forma de escribir, has de saber que cuando empecé lo hacía bajo las reglas de la métrica: poemas demasiado clásicos y altisonantes, cuidaba la forma con rimas exageradas y ricas, versos isosilábicos, etc., que por un lado me ayudaron a dominar la técnica, pero, de lo que me fui desprendiendo con los años. La técnica, al final, no deja de ser algo vacío en sí mismo, al liberarme de todo aquello fue como si me liberara de unas protecciones que ya no necesitara. Y de conservar algo de aquel hacer poético no dudaría que es la musicalidad; la musicalidad de los poemas que escribo forma parte de mi ser, es algo que he aprehendido con años y trabajo.

―¿Y a colación de esto cuáles fueron sus referentes literarios?

Por un lado los poetas clásicos grecolatinos, y aún hoy, de vez en cuando, me dejo llevar por sus mitos. La mitología clásica, en parte, ha configurado la imagen de nuestro mundo, me refiero al occidental. Por otro lado también los autores del XIX fueron cruciales en aquellos años de juventud: fundamentalmente los románticos. Voy a contarte una anécdota: en cierta ocasión Miguel Suárez (premio Hiperión de 1988) después de leer algunos versos míos, me remitió una carta donde, además de felicitar mi estilo, también me confió algunos consejos y, entre ellos, vino a recomendarme que realizara más lecturas de poesía contemporánea. No me cabe duda que este y otros consejos suyos resultaron determinantes para mí: le debo a él, en ese sentido, mi evolución hasta lo que soy hoy; quizá dicha evolución la hubiera acabado haciendo igualmente, pero quién sabe cuándo y cómo.
Portada del nº 0 de 'La pluma gris' (1998),
toda una rareza de colección
3.       En veinte años de escritura no son muchos los libros que configuran su corpus, al menos públicamente, y, en internet, tampoco es que se deje prodigar. Antes de Cápsulas (2013) menudeó por Valladolid en recitales, colaboraciones de radio, prensa ―como el prestigioso Norte de Castilla―, concursos ―como aquel del Ateneo de Poesía de Valladolid donde quedó finalista―, etc. Da la sensación que trabaja mucho sus textos, los reposa, los medita, antes de ofrecerlos al lector; ejemplo palmario lo tenemos atendiendo simplemente a sus dos últimas publicaciones Capsulas y Replican-Test (2015). ¿Quizá tal paréntesis se deba a que es usted refractario a reincidir en los mismo lugares comunes? ¿Hasta qué punto José Malvís guarda y deja reposar sus textos como hemos mencionado?

Buena pregunta, estoy bastante de acuerdo con lo que has dicho. Tanto Cápsulas como Replica-Test aguardaron varios años, y con el tiempo se incrementaron, no fueron pocos los borradores y correcciones que pergeñé hasta la edición definitiva. Ninguno de mis libros fueron creados de un año para otro. Cápsulas compila prosas de hasta quince años atrás y Replican- Test de hasta diez. El próximo título que voy a publicar también fue escrito hace unos años. Como Federico García Lorca soy de los que opinan que hay que dejar el manuscrito reposar en el cajón. Es importante saber talar el árbol para convertirse en buen poeta, saber qué debe eliminarse y no sobrecargar la obra. Todos hemos escrito malos poemas, o poemas discordantes con el resto del conjunto, y ese follaje inservible que no deja ver los frutos del árbol debemos quitarlo. Debemos ser nuestros primeros podadores y eliminar lo sobrante, sino será el público quien lo haga por nosotros, y esto puede resultar fatal. En conclusión, solo los buenos poetas saben podar sus creaciones: meter la tijera para no empachar al lector.

Portada de 'Cápsulas', ed. Lastura
4.       Caballero Bonald escribía al respecto del estilo que “la interpretación de la vida depende del estilo”. En su caso, se podría decir que Cápsulas  sería ese jalón divisorio entre el poeta en formación y el poeta maduro, poeta que no niega seguir aprendiendo pero que ya se sabe seguro de sí mismo, de su estilo. Aquí lo alcanza inequívocamente, lo que uno lee, lo que trasmiten sus imágenes son las propias del Malvís ulterior, y, todo ello, pese a derramarse su experiencia en prosa poética. Ahora bien, y apuntando al poema en prosa, ¿cómo lo concibe usted, cómo ve esa comunión entre la prosa ― el discurso, la explicación del concepto― y la poesía ―trascendencia de los sentidos, la imagen misma como afirmación―?

Con este asunto tengo un problema; tras escribir Cápsulas mucha gente ha seguido preguntándome si volvería a realizar algo así; pero yo, ante todo, soy poeta, me cuesta escribir prosa que no sea poética, el poeta que soy está en mis textos independientemente del género, pues brota sin buscarlo. Por eso no sabría explicar correctamente la construcción de mi prosa, no es mi intención meterme en vericuetos sobre la forma. Aunque sí creo que de escribir una novela, no sería una novela al uso sino poética. De hecho, y en confidencia, puedo revelar que escribí años atrás una, pero guarda demasiados datos biográficos por un lado, y, peca de excesos fantasiosos por otro. Mientras viva, o esté en pleno uso de mis facultades, no verá la luz (risas). 

5.       Otra de sus pasiones en la literatura distópica de Ciencia Ficción, tal es así que Replican-Test no deja de ser, a su manera ―y en mi opinión con un toque gótico ciberpunk―, una suerte de homenaje a la obra de Philip K. Dick. En los versos se suceden toda suerte de recreaciones de pasajes oscuros y cósmicos, inhóspitos: la cibernética, la referencias a las armas, sexo duro con algunas pinceladas, eso sí, de ternura, etc.; y atendiendo a su forma, incluso, se permite jugar con los espacios, los signos, la creación de figuras por medio de la disposición tipográfica, tensando de tal suerte la sintaxis. Estamos ante una obra seria, dura, cuyo lector debería afrontarla con el respeto y cuidado que merece: no es precisamente para tomarla a broma o frivolizarla ¿Qué podría contarnos de este poemario para aquellos que habiéndolo leído ya, o vayan a hacerlo, ayude a captar mejor su esencia?

Pues que cada capítulo se divide en una temática diferente. El primero tiene toques de poesía intimista, desde la perspectiva actual de mi yo; el segundo aborda temas sociales; el tercero una poesía que podríamos llamar amorosa y el cuarto juega con un intimismo lejano, donde se refleja la mirada de mi yo niño. En todos ellos se superponen las figuras e imágenes de la Ciencia Ficción, que son en definitiva su hilo conductor, el armazón del poemario. Este es el juego, o eso era lo que pretendía hacer con ello. De la obra de Philip K. Dick recojo la problemática de los avances tecnológicos y las dudas existenciales que se plantean en sus obras; yo las adapto a la Replican-Test porque la buena literatura, amigo mío, la literatura de Ciencia Ficción con mayúsculas no es precisamente una literatura de evasión.

6.       Otra de sus características más reseñables que bien pueden resaltar aquellos que han ahondado en su obra y, a su vez, lo hayan escuchado recitar, es el de haber conquistado un ritmo propio. Sus poemas se deslizan con una cadencia, una musicalidad que resaltan su propia experiencia poética. Hoy día resulta cotidiano presenciar a muy aceptables poetas que en los recitales no llegan a transmitir ese ritmo propio, lo cual no es sino mutilar parte de la poesía, de la magia que debe proyectar el autor con su obra. Escribía Octavio Paz que el poema no es solo creación original del autor sino también lectura y participación con el público. En su caso, hay una auténtica conexión con el oyente, conexión que de pasar al estadio de la lectura, prosigue resonando en el oído con su ritmo, con su voz, provocando así ese mágico nexo de unión entre el artista (emisor) y el público-lector (receptor). ¿Hasta qué punto esto es algo que ha buscado conscientemente, o, simplemente, surgió de forma natural sin apenas haberlo intuido?

En parte es totalmente involuntario, pero sí que es cierto que sin buscarlo, o meditarlo, construyo mis poemas como si estuvieran destinados a leerse en alto, de ahí que su musicalidad finalmente se deje notar. Acepto que la poesía tiene que expandirse, volar, alcanzar un número mayor de lectores; también que debe verter un mensaje que haga pensar, que incite y remueva conciencias: el mensaje es importante; pero, por otro lado, no podemos bajar el nivel, descuidarlo bajo la falsa premisa de llegar al pueblo: que todo el mundo entienda todo claramente suena muy bien pero resulta un discurso engañoso, porque la poesía no deja de ser arte, y, como tal, requiere de un esfuerzo, hay que cuidar el estilo, y los lectores deben estar familiarizados con la gran poesía para descifrar sus códigos. En ocasiones me da la sensación que estamos bajando el nivel cultural a pasos agigantados. Hay que dejar que la gente piense, medite, porque si se lo damos todo mascado eso no será posible y, además, degradamos al arte. Por ejemplo, hoy pululan autores que venden muchísimo, ganan jugosos premios, con la técnica de dar todo masticado. Ahora se apunta que la poesía se lee más que nunca, pero claro ¿qué se está leyendo?, esta es la cuestión. Para mí es poesía kleenex, siento ser así de categórico, poesía de usar y tirar. Mi opinión como autor es que tal poesía no conduce a nada.

7.       Algo que se atisba también en su obra es el haber vivido una guerra, allá en Irak, y cierta familiaridad con las armas. Por su trabajo como militar fue destinado al Oriente Medio en un momento de suma inestabilidad. Hay un poema, concretamente ‘Érase un niño en un desierto de barro’ de Replican Test, que principia con la imagen de un chiquillo haciendo el gesto de cortarle el cuello: es una estampa sobrecogedora, dura, que intenta transmitirse al lector, aunque sea mínimamente, por medio de la imagen poetizada. Como paradigma del literato militar, de ese hombre de armas y  letras como lo fueran Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, Cervantes, pasando por José Cadalso, Ros de Olano… hasta los más postreros ejemplos de la última Guerra Civil, ¿cómo diría que ha marcado su escritura tal experiencia, porque de seguro lo ha hecho? ¿Hay, o puede haber, algún día una obra dedicada a tales vivencias?

Bueno lo primero gracias por compararme con semejantes clásicos de la literatura española, no creo que lo merezca. Ahora bien, sobre la cuestión que planteas en todos mis libros está implícita esa vida castrense. Quiero decir que mi yo poético se ha nutrido de mi yo militar como también ha sucedido a la inversa. Habrá mucha gente que se llevará las manos a la cabeza y dirá: «Madre mía cómo puede existir un poeta militar» y todo eso; pero como bien has resaltado son muchísimos los ejemplos a lo largo de nuestra historia. Esto pasa y seguirá pasando. Pero volviendo a mis libros, no solo Replican-Test sino en Cápsulas recojo vivencias de mis operaciones en el extranjero. Aquello que viví en Oriente Medio me ha hecho madurar sobremanera.

-Naturalmente que usted haya pasado por tamaña experiencia y decidiera contarla casi desde dentro, es algo que no todos pueden hacer, y menos aún en la poesía española contemporánea.

Es complicado. Y aquí quiero ser muy serio (Malvís muda el rostro y se pone grave). Cuando retornas a casa, tras pasar por una guerra, no resulta fácil explicárselo a las personas, no todos te entienden, no los reprocho, hay situaciones límite que solo resultan lógicas cuando las sufres en primera persona: Un día presencias cómo hieren a un compañero, en otro, ves la muerte a tus pies. Por eso mismo, para mí, escribiendo poemas, todas aquellas sensaciones, vivencias, me han resultado mucho más cómodas traducirlas al lenguaje poético que a la prosa. El lenguaje poético se amolda mejor para explicar situaciones extremas: la muerte, el miedo, y el resto de emociones o pensamientos derivados de las entrañas mismas de un conflicto. La prosa, y siempre en mi opinión, resulta más apropiada para contar una historia.

-Quizá esto sea así porque en una situación extrema como dice, el hombre vuelve hacia sí mismo, hacia su ser primitivo, donde los instintos de supervivencia se implementan y sobrepasan a los racionales.

Evidentemente; hay que tener clara una cosa: tu yo racional, tu pensamiento occidental, esa burbuja analgésica que es nuestra sociedad explota, desaparece. Cambian entonces las prioridades, casi diría que dejas de pensar: de repente estás metido en un tinglado peligroso, y solo te concentras en cómo puedes salvar al de al lado; cómo puedes sobrevivir si te atacan en tal pueblo; o cómo defenderte para que no te maten en el otro. Y a todo esto debes añadir la presencia de la mayor miseria del país: las ruinas, los chiquillos apenas vestidos con harapos correteando por las calles, algunos llenos de quemaduras, otros jugando sobre tanques destruidos por alguna bomba o mortero. Es algo realmente apocalíptico, y, sin embargo real, demasiado real. No todo el mundo está preparado para presenciarlo, de eso no me cabe duda. Aquella situación me afectó, mi yo occidental capturó como una fotografía muchas de las terribles escenas que presencié (llegados a este punto a Malvís se le quiebra ligeramente la voz), escenas que todavía recuerdo y que al regresar a casa,  tras superar un periodo de readaptación, quise utilizarlas, nutrirme de ellas y volcarlas de una u otra forma es diferentes escritos.
Retomando la pregunta anterior, tengo un libro, un poemario que me ha costado varios años escribir, lo empecé en 2004 al año siguiente de mi vuelta: se trata de una obra que versa precisamente sobre mi experiencia en Irak. Pensaba moverlo para el año que viene, pero hace poco opté por retardar su salida, creo que aún debo revisar textos, no es una obra para editar sin ton ni son; como decíamos antes, cuando uno pretende publicar algo serio debe madurarlo y corregirlo, estoy muy alejado de la idea de publicar por publicar. Allá en Oriente Medio escribí catorce cuadernos manuscritos, y de estos he sacado un poemario de unas noventa páginas, pero todavía debo revisarlos, necesito tomar distancia con la obra para una última corrección, espero.
 De todas formas fragmentos de los cuadernos pueden encontrarse en Cápsulas y Replican-Test. Me siento bajo la responsabilidad de contar lo que allí vi, por mucho que lo muestren los telediarios, las escenas de guerra son más brutales cuando las tienes enfrente: aquel olor a quemado, la insalubridad..., apenas lo imaginas hasta toparte con ello, y algunos textos introducen dichas experiencias, las he encajado donde he creído que era necesario encajarlas.
 
Portada de 'Replican-Test', ed. Amargord

8.       Cambiando de tercio, el Malvís lírico, aunque no muy predominante, a veces deja verse aquí y allá, solo hay que remembrar aquel poema ‘Postal del ático’ publicado recientemente en un fanzine literario, y que ha sido acogido con un aplaudido éxito en sus recitaciones. ¿Qué espacio se reserva usted para la lírica?, ¿hay una contención pretendida que solo se atisba en pequeñas explosiones, o, quizás, y con los años, veremos a un Malvís que ahonde en dichas emociones sentimentales?

Seré comedido, seguirá habiendo este tipo de lírica en mi obra, pero un poemario exclusivo lo dudo, pinceladas, un capítulo como en Replican-Test sí; pero bueno, nunca se puede decir de esta agua no beberé (risas).

9.       Además de poeta también ha sido organizador de eventos literarios, sirviendo de puente entre la poesía castellanoleonesa y aragonesa con los recitales de Zarallolid y Vallagoza. Ahora toca mojarse, ¿cómo ve el panorama poético de las dos regiones?, ¿qué semejanzas y diferencias encuentra a nivel orgánico?

Precisamente hace unos días reflexioné sobre este asunto, y me siento muy orgulloso de haber vivido en las dos Comunidades autónomas, una y otra están viviendo un momento literario muy bueno, están eclosionando grandes poetas a nivel nacional, y he tenido la oportunidad de conocer a grandes escritores. Con respecto a similitudes observo una gran proliferación de grupos, veo en Zaragoza, igual que Valladolid, o incluso que Madrid, cómo algunos colectivos empatizan mejor con unos que con otros. En Zaragoza los grupos son de estilos y formas diferentes, y eso se nota, pero nada que no ocurra en otras ciudades. Una similitud más es la abundancia de esa poesía que antes he calificado de kleenex, aquí en Aragón como en Castilla y León brota por igual, si bien es cierto que no por ello, ¡y menos mal!, dejan de abundar buenos poetas de obra profunda que tiene algo que decir.

-¿Y diferencias?

Sí, alguna observo también, pero quizá se deba al tamaño. Valladolid ampara mucho movimiento cultural pero es menos abierto, mientras que en Zaragoza resulta más fácil acceder al micrófono. Valladolid tiene dos o tres colectivos que mueven todo, y Zaragoza cuenta con ocho o diez: hay más posibilidades y variedad de estilos como antes referí.

10.   Y toca ya concluir el interrogatorio, para ello proseguimos con la vieja tradición de este blog ―qué sería de un blog sin sus viejas tradiciones―, que no es otra que solicitar al entrevistado la recomendación tres autores clave en su devenir literario, y que explique, muy brevemente, el porqué no deberíamos pasar sin leerlos.

Lo primero que recomendaría no es poesía precisamente. Aconsejo cualquier libro de Emilio Salgari; y ¿por qué?, por su derroche de imaginación, sus imágenes, las aventuras que cuentan a mí de niño me influyeron, me avivaron la imaginación y la parte creativa. El segundo sería Rubén Darío, este poeta tiene unas figuras literarias increíbles, unas imágenes abrumantes, y una musicalidad preciosa. Mi padre solía leerme algún que otro poema de Rubén Darío antes de ir a la cama, y para mí es un poeta que marcó mis inicios literarios. El tercero sería un autor que me fragmentó, que me hizo empatizar realmente con la poesía contemporánea: Roger Wolfe. A Wolfe lo descubrí en los años noventa, Arde Babilonia es la obra que leí entonces, recuerdo vívidamente cómo me impactó sobremanera; aquella forma de poetizar, de expresarse, que sigo hoy admirando como el primer día, y, a buen seguro, seguiré.

Algunos títulos de la obra de Salgari que de seguro
avivaron la imaginación del futuro poeta

                                                            * * *

A continación añadimos algunos fragmentos de la obra de Malvís intencionando dar una visión más completa de este autor.

ÉRASE UN NIÑO EN EL DESIERTO DE BARRO (Fragmento)

El niño deslizó su dedo índice cruzando el cuello
era como un cuchillo afilado amenazando de muerte
pude sentir el frío de la hoja metálica
la sangre cayendo por mi pecho
decapitado por dentro
licuando la infancia asesinada
con ojos de pólvora, sudor de petróleo y refresco de cola […]
(de Replican-Test, ed. Amargord, 2015)

FIN DEL MUNDO

Estuvo en el fin del mundo, allá donde la nada se mezcla con el todo y desaparece toda lógica. Sí, allí estuvo al borde del precipicio pensándose si saltar o no. Muy seguro de sí mismo, se abalanzó con energía mientras masticaba un chicle de fresa ácida. Y entró de lleno en esa nueva dimensión notando cómo algo golpeaba sus glúteos. Por las mejillas empezaron a navegar lágrimas y una pregunta surcó el eco blanco de la habitación: «Aquí lo tiene, es su hijo… ¿No oléis a fresa ácida?».
(de Cápsulas, ed. Lastura, 2013)


viernes, 11 de noviembre de 2016

Impresiones y cometarios a una lectura de Ángel Guinda tras la salida del trabajo

De cómo, volviendo a casa tras una dura jornada de trabajo nocturno, leí, casi sin darme cuenta, La experiencia de la poesía  y terminé con un Nesquick.




Las crónicas son hijas del momento,
la sensaciones e impresiones de hoy
serán muy otras a las de mañana.
(Yo mismo cuando divago)

El veterano poeta aragonés Ángel Guinda presentaba su nueva obra La experiencia de la poesía con Pregunta ediciones,  en esta ocasión un tratado de poética, o, mejor dicho, una recopilación de sus manifiestos poéticos que durante toda su vida ha ido redactando: en total seis. Servidor que es muy amigo de dichas obras ―pues es en ellas donde se desentraña, a mi entender, de forma más palmaria el espíritu que impele el acto versil del autor―, aprovechando que la presentación no quedaba muy lejos del puesto de trabajo, decidí culebrear un poco por allí, y ya de paso saludar a caras conocidas. 

Guinda, como poeta ya curtido, presidió casi en exclusiva el acto, dando buena cuenta de alguna que otra historia que hicieron las delicias del público: unas historias a medio camino entre la anécdota y esa melancolía que solo los que ya han vivido mucho pueden y saben destilar. Adquirí el ejemplar y tras entablar un breve conversación con su autor, pues el trajín de dichas ceremonias no da para más, amén de que el reloj laboral me apremiaba, marché de allí con el librito ― adaptado, que ni pintado, al bolsillo de mi sobretodo― con la esperanza de ojearlo al día siguiente.

La jornada nocturna en el puesto de trabajo se mostró especialmente afanosa, mucho que hacer y una suerte de imprevistos me dejaron un tanto nervioso; salí además algo más cansado de lo habitual, y con unos minutos de retraso. A este hecho en sí mismo ya fastidioso, se sumó la ‘bella’ secuencia de ver pasar, por delante de mis quevedos, al primer tranvía de la madrugada-mañana. En esos momento, cuando lo que menos deseaba era esperar veinte minutos más al siguiente tranvía, decidí marchar pedestremente: lo mismo iba a tardar ya volviendo en sana y bípeda locomoción a casa, que aguardando a nuevo tranvía. Los cuarenta minutos de trayecto eran inevitables. 

Y he aquí que, casi como un acto lumínico,  al meter mano en el bolsillo recordé que llevaba el ejemplar de Guinda «¡mira qué bien!», pensé; tenía al menos algo con lo que entretenerme por el camino. Emprendí el retorno con la sola intención de ojear la obra, no era consciente, en esos primeros minutos,  que por el camino acabaría devorando fruiciosamente dicho ‘librito’.

Con el libro por una calle cualquiera de Zaragoza


* * *

Ha de saber el lector de esta crónica-anécdota, que el libro está estructurado del presente al pasado, es decir, comienza por una suerte de apuntes poéticos intitulados Arquitextura escritos este 2016, y concluye con el ya propiamente manifiesto Poesía y subversión  de 1978. Por lo curioso de este camino inverso Guinda nos acompaña en un viaje, un túnel en el tiempo, donde visitaremos todos los recovecos de sus ideas, o formas, de entender la poesía. Casi diríase como un Virgilio moderno que nos enseña los anillos de su infierno, purgatorio y cielo. Sobre Arquitextura, subrayo que en ocasiones me recordó a las mínimas de Wilde, con algún que otro guiño a Rimbaud «El poeta es un ciego iluminado».  Esta parte, por su brevedad de mínimas, o máximas, cada cual juzgará, se sienten como si fueran los puños de un boxeador literario que impactaran certeramente en el corazón del lector; así, «Callar la forma con el fondo exacto»,  «La narrativa cuenta, la poesía canta» o «Cuando está de moda la moda, los clásicos son la resistencia», entre otras, me impelieron rápidamente a sacar mi viejo y roído lapicerillo para tomar apuntes y subrayar, avidoso, a mayor sufrimiento de mi vista y recreo del ánimo.  En el siguiente manifiesto Defensa de la dignidad poética de 2014 Guinda viene a arremeter con el “aura mediocritas” predominante en blogs y autoediciones actuales, así como también aborda cierta pérdida del valor de la poesía para entenderla como palabra musical, como estética bella, por culpa de un excesivo y mal entendido prosaísmo y sencillez, que no es sino vulgarización de la lírica moderna. Véanse citas como  «La poesía ha sido invadida, colonizada por la narratividad en la forma […]» o «Se ha extirpado a la poesía  sus cualidades de ser palabra de música, cantar (antes que contar) […]. Arremete, además, el viejo bardo con los talleres de creación poética y concursos, que, como hongos y dudoso rigor, proliferan por toda la geografía hispana, aduciendo para ello «La parcialidad de criterio docente en los primeros» y la «arbitrariedad en el reconocimiento  de méritos para la concesión de los segundos».

En el trayecto, páginas subrayadas de 'Defensa de la dignidad poética'


El tercer manifiesto Poesía violenta (2012) es un brevísimo texto, una sola hoja, donde vemos al tercer y más violento Guinda; donde se exacerba la violencia creativa, al modo vanguardista de destruir para crear algo moderno, casi diríase que topamos ante una suerte de Marinetti cruzado con Jesús Lizano, que, tras haber ingerido ritualísticamente una copa de ajenjo, e  inspirado por el poder vidéntico del ‘hada verde’, se hubiera levantado de su silla y proclamado al mundo… «Demasiada asepsia, condescendencia con la debilidad del pensamiento y del Poder […] demasiados prosetas y pocos poetas», «La mediocridad es violencia […]», La verdad, la palabra, la belleza, la alegría, la emoción, el amor, han de ser violencia […]», pinaculando magistralmente con la máxima «La poesía tiene que ser violenta para contribuir a esa supervivencia».

En el cuarto manifiesto, Poesía útil (1994), me pareció intuir a un Guinda algo desencantado, donde quizá prevalece la insatisfacción hacia la poesía de finales del siglo viejo. «Cansados, aburridos, decepcionados de la España del siglo XX […]» o «No queremos poemas de ensayo, ni poemas lúdicos que camuflan la trampa»… Llegado a este punto, mi lectura se vio interrumpida ― viernes 5.30 a.m.―, por grupo de tunantes nocharniegos que volvían a sus casas o buscaban nuevas tabernas donde repostar, los cuales lanzaron chiflas al verme leer por la calle. «¡Cada cual a lo suyo!» respondí yo, y volví a meter mis quevedos en el libro mientras creí atisbar alguna que otra chifladura de esas típicas entre la gente ‘peneque’. Volviendo al manifiesto, tras su lectura hallé cierto contrasentido con algunas ideas de los primeros, nada raro si partimos de que Ángel Guinda, como cualquier otro artista, ha vivido una evolución, y lo que podía opinar y defender hace treinta años, o diez , no tiene por qué coincidir con sus ideas del presente: a fin  de cuentas somos fruto de nuestras propias vivencias y del decurso del tiempo.

El quinto manifiesto Y poesía y contracultura: curriculum mortis (1985), en líneas generales, aborda el papel presente y futuro de la poesía «Hoy, asesinada la poesía épica por esa vertiginosa puntualidad de los medios de comunicación, la poesía lírica tiene la urgente necesidad de ser y de expandirse incluso con éxito»; y también el papel del poeta lírico «El poeta lírico será un observador sinceramente testimonial de su vida y un agente del contraespionaje de la enfermedad y de la muerte que el exterior le impone».

Finalmente, el último manifiesto, Poesía y subversión escrito en la década de los setenta, y sobre el cual creo recordar por la presentación, fue redactado cuando militaba en el P.C., parece destilar, en un principio, ese sabor de crítica y ciertas influencias marxistas tan en boga en el momento, aunque va mucho más allá: aspectos tales la política, la experimentación del lenguaje, las multitudes  ―que no las masas como señala―, la burocracia o la censura, no tanto de los organismos o autoridades, que también, sino la autoimpuesta por el propio poeta cohibido en España por décadas de férula franquista, prevalecen y se hallan en el texto.

Páginas de 'Poesía y subversión'


En definitiva Ángel Guinda viene con esta publicación, que tanto se agradece en estos tiempos de poesía sin poética, a aportar parte de aquellas claves que, en su luengo y extremado periplo literario, han servido de tintero sobre el cual cargar su pluma y verter, emborronar, y rubricar sus cientos y cientos de cuartillas en blanco ―algunas ya amarillentas― que hoy forman su obra-acervo literario y espiritual.

* * *

Tras acabar la lectura me percaté de que me hallaba a cinco minutos escasos de casa, no sé si consignar que leí la obra en apenas media hora será bueno o malo para la editorial y sus ventas, pero lo cierto es que la devoré, la viví, y disfruté, y sobre todo hizo olvidarme de la pesadez y cansancio de la jornada laboral padecida. Llegué a casa con en pleno convencimiento de que estaba ante uno de esos libros que se han escrito para leer y releer hasta el hartazgo, pues mucho es lo que guarda para dejarlo reposar despreocupadamente en el anaquel tras una sola y rápida lectura. Satisfecho, me preparé una leche con Nesquick, repasé lo subrayado, y dormí como un lirón. 


Estampa fabulada de cómo dormiría si fuera tal animalito